Fría primavera

Y era así como cada tarde, justo antes del anochecer, cuando los niños volvían a casa después de jugar con el balón en las calles, cuando las aves regresaban a su nido tras la larga jornada y el atardecer comenzaba a iluminar de un anaranjado melancólico, me sentaba en la orilla de la cama a contemplarte. Te veía y disfrutaba de admirar de tu belleza, de tu cabello, tus orejas, tu sonrisa y el contorno de tu cuerpo. Tú me mirabas fijamente, en silencio, y con una mirada penetrante que develaba todos mis secretos, todos mis temores y toda mi alegría, esa alegría que bien sabías era por ti. Sigue leyendo