El largo de tus piernas

En días recientes me he preguntado ¿Cuantos besos de largo medirán tus piernas? Y delirio imaginándome midiendo beso tras beso cada una de tus extremidades.

¿Serán 10? ¿20 besos? Cierro los ojos y me imagino deslizando mis labios lentamente sobre tus piernas. Los cálculos varían ya que a veces comienzo por el dedo chiquito y a pasos cortos y lentos voy subiendo.

En otras ocasiones me veo subiendo desde tu pantorrilla a pasos largos con un hambre atrasada y resulta menor la cantidad de besos que miden tus piernas.

Pero entonces, es ahí donde me detengo, veo tus manos y también ellas me impiden seguir escalando a la cima de tu ser. De pronto, siento mi rostro ser prensado por la parte alta tus piernas, con una suavidad, pero al mismo tiempo, una firmeza que me hace contemplarte fijamente, y es entonces, que comienzo a susurrar en tus labios los besos que he contado.

Tomo tus caderas, y así conozco tu sabor, ese elixir que hace tiempo me ha llamado y me ha prohibido simultáneamente.

Me tomas por los costados y haces que suba lentamente mis caderas hasta encontrarme con tu boca, y así, poder probarme tu a mí para después bajar resbalando por todo tu cuerpo. No si antes, quedar posado a la altura de tu corazón, y delinear suavemente la estructura que lo resguarda, llevando mis labios hacia ti y entregándome al placer.

Y es entonces, que nos miramos fijamente. Me besas. Te beso. Estrechamos nuestros cuerpos y comienzo a averiguar también, la profundidad de tu ser, y de esta manera comienzo a saber la distancia que tengo que recorrer para llegar a tu corazón.

Y así seguimos, golpeando tu cuerpo contra el mío de todas las formas posibles, juntos nuestros cuerpos en armonía, siguiendo el paso que marcan los latidos de tu corazón al igual que el ritmo de tu respiración. Que de momento se calma. Que de momento se acelera.

El tiempo pasa y no paramos hasta sentir tu cuerpo contraerse, hasta sentirte estremecer, hasta que un gemido se escapa de tu boca mientras recorro cada milímetro de tu piel, cada espacio de ti, cada parte de ti.

Ambos sabemos que no podemos parar hasta que, aún cansada y bañada en sudor, me digas que no estas segura de la cantidad que medí y es necesario recorrer tus piernas nuevamente en otra ocasión.

No te miento, me muero por saber, en besos, el largo de tus piernas.

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de pulsoliterario Publicado en Relatos

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