Nada contigo

Dejó de dudar y coloco el cañón de la pistola sobre su sien. Mientras el sudor bañaba su cara, respiró fuertemente una bocanada de aire y disparó.

El mundo se detuvo por un momento permitiendo observar la obra de arte que se había teñido de color de rojo alrededor de su cabeza. O lo que quedaba de ella.

Lo primero en salir entre tanta porquería fueron los recuerdos. Aquellos que tenia de ella que iban desde el día en que la conoció, las veces que mostraba su lado cursi, cuando se comportaba de manera hiriente y aquellos donde solo quedaba su ausencia.

Los peores eran aquellos donde él se recordaba disfrutando de una buena platica. La inevitable sonrisa que le provocaba y la alegría de su presencia hacían en demasía pegajosa la mancha roja que se formaba en la esquina de la pared.

Después de los recuerdos, seguidos de algunos pedazos de piel y restos de cabello, fueron arrojados los sentimientos que el sentía por ella. Fue inevitable que un chorro que parecía venir de alguna arteria que se acababa de romper ante la fractura del cráneo los esparciera sin rumbo fijo.

Esta fuga inevitable de sentimientos plasmaba en su destino, la contrariedad de lo que sentía en aquel momento, era inevitable que el odio y el amor se mezclaran dando paso a un sentimiento más real que cualquiera de los dos por separado. Así, de manera fugás, salieron disipados en diferentes direcciones, pero con un mismo sentido, guiados por la inercia de la bala que había atravesado el lado contrario de donde se encontraba apoyado el cañón.

Un borboteo se apreciaba por la herida cuando el cuerpo cayó impulsado por la violencia del impacto. Eran las ilusiones de él que parecían ahogarse en sí mismas, desamparadas y sin nadie o nada que pudiera hacer presión sobre la herida para evitar que estas siguieran escapándose de él.

Ahí, tirado en el suelo con el último momento que trataba de robarle a la vida, con un suspiro antes de que su estúpida existencia diera paso a un recuerdo que nadie se preocuparía por evocar, en ese suspiro, pudo verla a ella, y notó que sobre su mano izquierda había restos de pólvora y bajo del mismo, a unos 35° hacia su espalda, estaba tirada una pistola, la misma que el recordaba haber puesto sobre su sien un instante atrás

La imagen era borrosa, dudaba si la veía tal como era al desprenderse de aquello que le ataba a ella o si, por el contrario, como un drogadicto en plena abstinencia, la falta de ellos la hacían ver de dicha manera deformando su realidad. Dudaba sobre la certidumbre de las memorias que celosamente guardaba.

Ella dirigió el dedo índice de su mano derecha hacia él, mientras sus ojos se cerraban como el vaivén de una cortina donde el ventanal abierto mostraba la noche, podía observar como poco a poco se acercaba hacia lo que quedaba de su rostro. Ella posó su boca sobre la orificio de salida que había dejado el impacto de bala, sus labios se vieron cubiertos de pequeños pedazos de sesos bañados en sangre que se adherían a ellos, se mordía el labio y saboreaba el aroma que llegaba a su nariz provocándole cierta excitación.

Tomó su mano de él y la deslizo desde sus senos donde los estrechaba con fuerza y con exquisitez la dirigía poco a poco hasta su sexo, donde ante el inminente encuentro, un gemido se escapó de la boca de ella hacia el viento.

La confusión reinaba en él, pero una cosa era segura, estaba a nada de que su mísera existencia se desvaneciera para siempre y el recuerdo de ella partiera al compás en la misma dirección. El recordaba haber llevado la pistola hacia su sien, pero no estaba seguro si esta se encontraba en su mano o en la de ella, y aquello que veía en los momentos finales lo turbaba ante tal confusión.

Quiso decir una última palabra, pero resultaba imposible, aquella quijada que tanto le había servido para expresarle todo el amor que por ella sentía había quedado inutilizada al caer y golpearse tras el disparo.

Quiso también girar la vista para poder mirarla de frente, pero el nervio craneal había sido sufrido daños, así que le era imposible voltear la mirada hacia ella y observarla ensimismado como tanto le gustaba verla en la menor oportunidad que tuviera para apreciar su belleza.

Ella, simplemente acercó sus labios al oído de él para susurrarle una última frase, le mordió el lóbulo de la oreja derecha dejando restos de la sangre que llevaba en ellos y se posiciono en su oído.

No se sabe a ciencia cierta qué fue lo que le dijo, pero aún en aquel deforme rostro que él tenia, se podía observar una expresión de miedo que difícilmente alguien más le podría haber provocado. Desde el techo, una gota de agua se derramó sobre su ojo, imitando lo que parecía ser una lagrima en el rostro de él.

Sin más, ella se levantó del piso, levanto el pie derecho y con toda la fuerza que tenía en aquel momento inserto el tacón de su zapato en el agujero por donde hace un instante la bala había perforado. Lo empujaba con fuerza y lo giraba al mismo tiempo como si quisiera extraerle cualquier recuerdo, sentimiento o ilusión que el aún pudiera contener.

Retiró el tacón y con el mismo pie le giro la cabeza, ya sin vida, para verlo de frente.

Él había sido derrotado, pero ella tenía que seguir su camino buscando otra alma que pudiera liberarla de su condena, o que en el intento, terminara pereciendo.

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