Nada contigo

Dejó de dudar y coloco el cañón de la pistola sobre su sien. Mientras el sudor bañaba su cara, respiró fuertemente una bocanada de aire y disparó.

El mundo se detuvo por un momento permitiendo observar la obra de arte que se había teñido de color de rojo alrededor de su cabeza. O lo que quedaba de ella.

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