Con relleno

Deprisa, el día de San Valentín casi llega a su fin y yo sigo en casa. Seco mi cabello y abro el closet buscando mi camisa de la suerte, aquella camisa que tenia puesta el día en que te conocí. Miro en el espejo, no soy guapo, pero siempre he creído ser de tu agrado. Tomo un poco de gel y me peino, no quiero que algún detalle tonto, arruine el momento.

Una caja de chocolates y un poema están sobre la mesa. “Con relleno” respondiste el día que te pregunte si te gustaban los chocolates. Estábamos sentados en el parque, segunda banca a la izquierda de la explanada. El destino nos había hecho coincidir en un curso de fotografía, yo por mi trabajo, tú por vocación. Estábamos debatiendo sobre que técnica era la mejor para plasmar ese lado oculto de la sociedad.

Nuestras casas las separan dos números y una calle, veníamos de regreso y te invite a tomar un café. Hace apenas tres meses de conocerte y ya siento me haces falta.

Miro el reloj, marca las ocho menos quince minutos. El día de ayer me contaste que una de tus amigas insistía fueras a su casa ya que tenía una grata sorpresa para ti. No tenías idea de que fuera, pero ella era tu “mejor amiga” según me habías contado y algo te hacía pensar que había preparado algún detalle por el 14 de febrero como agradecimiento a tu amistad, después, tenias un compromiso en la noche con tu madre, y deberías de estar a las ocho en casa.

Agarro tu regalo, se que chocolates en San Valentín están ya muy gastados pero siempre funcionan. Abro la puerta, antes de salir de casa me persigno y veo con optimismo el tiempo venidero.

Me encuentro sentado en la acera que esta frente a tu casa, son las ocho con veinte minutos y aun no apareces. No desespero, la verdad es que te esperaría el tiempo que fuera necesario…

Al fin te puedo ver, caminas con una gran sonrisa en el rostro, tu cabello limpia el polvo de tus hombros, y tus ojos alumbran la calle. Tu siempre tan hermosa. Sin embargo, tu mano izquierda sujeta otra mano, la mano de él. Llegas acompañada de alguien, caminan despacio a la par que comentan algo y seguido dejan escapar una risa tenue. Llegan a tu casa, tú te colocas frente a él y el te toma con ambas manos, por un instante el silencio los rodea, nos rodea. Tus labios se unen a los de él y se funden lentamente, los míos tiemblan mientras recogen la sal que cae de mis ojos.

Ahora entiendo cual era la sorpresa que te tenía tu amiga. Me levanto tratando que no me veas, sin embargo, dado al estado en el que me encuentro, no creo que nadie notara mi presencia. Avanzo y tiro en un cesto de basura los chocolates que había comprado para ti, con relleno. La carta… esta la guardo en mi bolsillo, mientras te esperaba dije que esperaría el tiempo necesario a que llegaras, y al fin y al cabo, ya vendrá otro día de San Valentín.

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Amigos lectores, quiero aprovechar para desearles un feliz día de “San Valentín”, recuerden festejar el amor a diario, cosechar esa semilla día tras día y no una vez al año. También aprovecho para agradecer a Planeta Querétaro, por incluir este texto en su revista electrónica, de la cual, a continuación dejo el link.

 

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