El amor, es como el ajedrez.

Regresamos después de una ausencia con un pequeño escrito, no es el tipo que acostumbro a realizar, pero esta vez el tema salió de esa manera y pues siempre hace bien experimentar nuevos estilo, si les agrada o no, dejen su comentario, gracias.

El amor, es como el ajedrez.  Solo se trata de saber llevarlo con una grata armonía con el resto de las piezas. Cuando menos te das cuenta, la piezas se encuentran en el lugar idóneo para llevarlo todo a gane, sin embargo, puede que el rey y la reina se encuentran lejos uno del otro; compartan casillas de fondo diferente y se encuentren en lados opuestos del tablero. Cualquier descuido es jaque mate. Sirvámonos de no adjudicar a la reina un género femenino, ni al rey uno masculino, simplemente, interpretar las situaciones que se llevan acabo en el tablero.

Al comienzo, el rey y la reina se encuentran juntos, es raro que uno se separe por demasía al otro, al menos, que este movimiento lleve una gran ventaja para ambos. Sin embargo, el tablero es dominado (en cantidad) por peones. Peones que pueden ser blancos o negros, amigos o no amigos, pero que si no se sabe escoger con cual apoyarse a la hora de hacer un movimiento, nos pueden dejar al descubierto, nos pueden traicionar o simplemente, pasar desapercibidos. Son importantes, pero es más importante saber escogerlos.

Si la partida transcurre sin anomalías el rey deberá saber como mantenerse en su casilla, pero sin descuidar a la reina ni a las demás piezas del tablero. Y aun menos a el. Las torres, son el soporte la médula, tienen una visión de como se debería de ir, siempre recto. Si te encuentras en problemas, las torres, deberían ser las primeras en ser un apoyo, no importa que las cosas no pinten bien, pueden ayudar de manera eficaz y acogedora  con un enroque. Sin embargo, hay veces que las torres se olvidan de su papel y se encuentran muy lejos, renuentes, nos abandonan.

Y poco a poco, el tablero se comienza a vaciar, empiezan los problemas y los movimientos en falso, si nos descuidamos, un peón, puede llegar a intentar convertirse en la reina, ocupar ese lugar. Usurpación, cambio, o simplemente, el pasar del tiempo. Eso si, nunca tener mas de dos reinas, podrían ser de igual ayuda a destrucción, si no se sabe reconocer, cual fue la reina que comenzó junto al rey.

El tablero puede llegar a estar muy vacío o en desorden y la mejor ayuda, solo se dará entre el rey y la reina. Podremos ver, que aparecen, en movimientos extraños, caballos frente a nosotros. Mediante un movimiento distinto, tratara de impresionar y si consigue atraparnos con la novedad, nos llevara a cabalgar a su lado. El tablero es bastante extenso, un movimiento puede dar cualquier resultado y si el caballo con su novedoso movimiento, nos deja al descubierto, puede las piezas queden acomodadas en una posición de desventaja para todos.

Sin embargo, no hay partida que comience, en donde el rey y la reina, no se encuentren situados en medio de los alfiles, que en el ajedrez moderno, son representados por un obispo.

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